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El valor de lo que pensamos y confesamos PDF Imprimir E-Mail
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jueves, 13 de diciembre de 2007
Índice del Artículo
El valor de lo que pensamos y confesamos
Página 2
 
 
 
El potencial de hablar lo de Dios
El valor de lo que pensamos y confesamos

Un día, tuve el privilegio de desayunar con un neurólogo muy reconocido , que me contaba acerca de los descubrimientos más recientes de su área.
- ¿usted sabía que el nervio central del lenguaje, el que se halla dentro del cerebro, tiene absoluto dominio sobre el resto de los nervios? Un estudio reciente así lo reveló.
–Gracias por su información, doctor, pero la verdad que yo ya lo sabía.
–¿Cómo...? ¿cómo lo supo? Esto fue descubierto hace muy poco tiempo.
–He aprendido de parte del doctor Santiago.
–¿Santiago? Y... ¿quién es Santiago?
–Santiago es una persona muy famosa de hace dos mil años. Él nos explica de la importancia de la relación entre la lengua y el nervio central, también la relación que tiene este con los actos de una persona.

Fíjese aquí. Lea Santiago 3:1 y luego el versículo 2. Aquí dice claramente que la lengua, que es un miembro muy pequeño, es capaz de refrenar todo el cuerpo. ¿Puede verlo?
Al escuchar mis palabras, el neurólogo comenzó a comentar sus conocimientos que, indudablemente, coincidían con las palabras de Santiago. Y siguió comentando, con gran ánimo:
–Si una persona dice "me siento débil", todos los nervios captarán el mensaje, y dirán entre sí "vamos a prepararnos para ser débil. El nervio central nos manda que debemos sentirnos débiles", y el resultado de todo esto –físicamente hablando– será la falta de resistencia.
Si una persona dice: "Es cierto... soy un inútil. Creo que no podré hacer este trabajo", todos los nervios, al recibir este mensaje, reaccionarán según las palabras pronunciadas: "Es cierto... el nervio central nos dice que somos inútiles. Tenemos que limitarnos en usar nuestro potencial. Tenemos que prepararnos para ser un verdadero inútil".

Si una persona dice "He envejecido demasiado. Me siento cansado e incapaz para hacer algo a esta altura de mi vida", el nervio central no tardará en enviar este mensaje al resto de los nervios, y los mismos reaccionarán diciendo: "Es cierto, hemos envejecido demasiado. Estamos listos para morir. Vamos a prepararnos para descomponernos". Y, en caso de que se siga pronunciando estas palabras, no tardará en morir. Por lo tanto, nunca debemos perder el entusiasmo.

Si perdemos el entusiasmo saldrán de nuestra boca palabras muy negativas tal como: "Estoy perdido. No sé qué sentido tiene la vida", y los nervios reaccionarán con relación a este mensaje actuando de forma muy pasiva, lo cual perjudicará su salud severamente, y no tardará en morir a una edad muy temprana.