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El potencial de hablar lo de Dios
El valor de lo que pensamos y confesamos
Un día, tuve el privilegio de desayunar con un neurólogo muy reconocido , que me contaba acerca de los descubrimientos más recientes de su área.
- ¿usted sabía que el nervio central del lenguaje,
el que se halla dentro del cerebro, tiene absoluto dominio sobre el
resto de los nervios? Un estudio reciente así lo reveló.
–Gracias por su información, doctor, pero la verdad que yo ya lo sabía.
–¿Cómo...? ¿cómo lo supo? Esto fue descubierto hace muy poco tiempo.
–He aprendido de parte del doctor Santiago.
–¿Santiago? Y... ¿quién es Santiago?
–Santiago es una persona muy famosa de hace dos mil años. Él nos
explica de la importancia de la relación entre la lengua y el nervio
central, también la relación que tiene este con los actos de una
persona.
Fíjese aquí. Lea Santiago 3:1 y luego el versículo 2. Aquí dice
claramente que la lengua, que es un miembro muy pequeño, es capaz de
refrenar todo el cuerpo. ¿Puede verlo?
Al escuchar mis palabras, el neurólogo comenzó a comentar sus
conocimientos que, indudablemente, coincidían con las palabras de
Santiago. Y siguió comentando, con gran ánimo:
–Si una persona dice "me siento débil", todos los nervios captarán el
mensaje, y dirán entre sí "vamos a prepararnos para ser débil. El
nervio central nos manda que debemos sentirnos débiles", y el resultado
de todo esto –físicamente hablando– será la falta de resistencia.
Si una persona dice: "Es cierto... soy un inútil. Creo que no podré
hacer este trabajo", todos los nervios, al recibir este mensaje,
reaccionarán según las palabras pronunciadas: "Es cierto... el nervio
central nos dice que somos inútiles. Tenemos que limitarnos en usar
nuestro potencial. Tenemos que prepararnos para ser un verdadero
inútil".
Si una persona dice "He envejecido demasiado. Me siento cansado e
incapaz para hacer algo a esta altura de mi vida", el nervio central no
tardará en enviar este mensaje al resto de los nervios, y los mismos
reaccionarán diciendo: "Es cierto, hemos envejecido demasiado. Estamos
listos para morir. Vamos a prepararnos para descomponernos". Y, en caso
de que se siga pronunciando estas palabras, no tardará en morir. Por lo
tanto, nunca debemos perder el entusiasmo.
Si perdemos el entusiasmo saldrán de nuestra boca palabras muy
negativas tal como: "Estoy perdido. No sé qué sentido tiene la vida", y
los nervios reaccionarán con relación a este mensaje actuando de forma
muy pasiva, lo cual perjudicará su salud severamente, y no tardará en
morir a una edad muy temprana.
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