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Sanidad de enfermos
La Palabra del Señor en Hechos 10: 38 dice: “cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret...” Aún Jesús necesitó ser ungido.
Jesús pagó el precio en la cruz del Calvario para que alguien sea sano. Es decir, ese precio no lo pagamos tú ni yo, ya lo pago Jesucristo en el momento que le estaban pegando y arrancando su carne. Esa es la herida por la que nosotros fuimos sanos. Él derramó su sangre para que nosotros podamos obtener el milagro de la sanidad y de la salvación.
Cuando fui a ver la película “La Pasión de Cristo”
por segunda vez, lo único que pude hacer en el momento que le estaban
pegando a Jesús. fue cerrar mis ojos e imaginarme a todos los enfermos
sanando. Porque puedo ver el sufrimiento de Jesús o puedo ver para que
sufrió Jesús. No es sólo ver cuánto sufrió, es entender y creer para
que lo hizo.
La sanidad no está en el futuro, se encuentra en el pasado. La Biblia
dice que por Su herida fuimos curados, no dice que seremos sanados. Se
trata de traer al presente el regalo y la bendición de la sanidad.
En Hechos 10:38 dice: “cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con
poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanado a
todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él.”
En este versículo aparece la trinidad, como Dios, el Padre, ungió al
Hijo con el Espíritu Santo. Necesitas a Dios completo para que las
cosas pasen. Los tres son un solo Dios, no puedes depreciar a uno de
los tres. Es como el agua, tiene estado líquido y gaseoso. ¿Es más agua
el hielo que la nube o son el mismo agua los dos? Es el mismo agua
manifiesta de tres formas distintas, igual es con Dios, es el mismo
manifestado de tres diferentes maneras, el Padre, el Hijo y El Espíritu
Santo.
En la trinidad el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo operan de la
siguiente forma: El Padre planea las cosas, el Hijo paga por ellas, y
el Espíritu Santo las concede. De tal manera que Dios planeo sanarte,
pero Jesús pagó el precio en la Cruz del Calvario y el Espíritu Santo
lleva a cabo la obra que Jesús compró.
¿Quieres tener la unción del Espíritu Santo? ¿Para qué? Dios te puede
dar la unción pero eres tu quien debe hacer el trabajo. La gente cree
que tener el don o la manifestación de sanar a los enfermos sólo tiene
que ver con los que hacemos grandes cruzadas de milagros. Eso no es
así, tiene que ver contigo también. Tú tienes que hacerlo pero tu alma
tiene que estar sana.
Una de las maneras de mantener el alma sana es pensar en el problema de
alguien más y no en el propio. Debes pensar en bendecir a la gente para
que Dios te pueda usar, pero para lograrlo tienes que caminar
haciéndolo.
La unción es para las personas que desean ser de bendición a alguien
más. Con la unción pasamos tiempos buenos y gloriosos, pero el problema
no es cómo va a caer la unción sobre ti, es como vas a hacer uso de
ella. ¿Vas a ser la persona responsable que va hacer uso de ese poder
para lograrlo, o cada vez que hay un enfermo tienes que llamar a
alguien más? ¿Por qué no oras tú?
Todo empieza con una creencia. Si crees que puedes ser usado, lo serás.
. Todos podemos ser usados. ¿Qué necesitas hacer? Salir de tus
prejuicios y temores.
La Biblia en Lucas 4:14-15 dice: “Y Jesús volvió con el poder del
Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de
alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por
todos.”
Cuando Jesús recibió el poder del Espíritu Santo empezó a hacer los
milagros. ¿Cómo se recibe ese poder? Orando y pidiéndoselo a Dios. No
tiene que caerse o temblar, ni sentir nada, simple y sencillamente
creerlo. La primera vez que ore por un enfermo sentí miedo, y a la vez
la responsabilidad de que había que hacerlo. Nunca me aseguré que Dios
fuera a sanarlo. Siempre me tomo los riesgos, no vivo asegurado de
nada. Tú no haces más porque solo vives asegurándote de algo. Pero al
hacerlo no estás asegurando la obra de Dios, estás asegurando tu ego,
tu “YO”, el hecho de no ser avergonzado, que nadie lo señale y
critique. Pero, el Evangelio será toda la vida criticado por los que
quieren. Así que hay que hacerlo por todos. ¡Ora por todos! Si se
salva, de cien ya llevas uno. Y si Dios no lo sana, problema de él,
peor que no vaya a ser problema tuyo, porque Dios no te va a pedir
cuentas de lo que Él no hizo. Pero te va a pedir cuentas de lo que no
hiciste por causa tuya. Así que impón las manos sobre la gente y créele
a Dios. Necesitamos un ejército de gente haciendo milagros, señales y
prodigios. No puedes perderte la oportunidad de saber un día lo que es
que Dios te use para hacer un milagro. No puedes perderte la
oportunidad de ver una persona que por primera vez en su vida mira y lo
primero que ve es tu rostro.
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