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jueves, 20 de diciembre de 2007
Índice del Artículo
Las dimensiones de la oracion
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El texto que se ha leído es una oración de Pablo por la congregación a la que dirige su epístola. El Apóstol se arrodilla delante de Dios Padre rogándole que los creyentes "sean fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu".
El propósito de la oración es lograr que "habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender...cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura.." Dos veces Pablo había afirmado que el creyente es un templo donde mora el Espíritu Santo (1 Cor. 3:16, 6:19).


En Efesios presenta al cristiano como un templo donde puede habitar Cristo en cuatro dimensiones. Pero sabemos que existen sólo tres dimensiones, ¿cómo entender lo que Pablo quiere decir? Si tomamos la imagen del creyente como el Templo del Dios Trinitario podemos comprender mejor la enseñanza de San Pablo. Cuando dice "arraigados y cimentados en amor" (Vrs. 17), se refiere al amor como sostén, raíz o cimiento del templo de Dios que es el creyente. Luego, la cuarta dimensión sería la de la profundidad del amor, hoy no nos ocuparemos de ella. Teniendo claro a qué se refiere la dimensión de profundidad, podemos imaginar las otras tres dimensiones.

Concibo la anchura como la dimensión de la existencia terrenal. Es en esta realidad donde se expresa la problemática psicológica de nuestro ser, diferente en cada uno de nosotros. Nuestra vida de oración tiene que ver con la comprensión de esa anchura. Con la toma de conciencia de la escisión que todos sufrimos entre el sistema consciente y el inconsciente, podremos avanzar hacia una vida más sabia, más santa y más sana.
Concibo la altura como la dimensión de la esencia humana. Aquí la escisión se presenta entre el mundo animal temporal y el espiritual atemporal. Entre la vida humana terrenal y la vida eterna que ofrece Jesucristo a los que le seguimos. A medida de que el hombre tome conciencia de su trascendencia cultivará más su vida de oración para hacer florecer y fructificar su espíritu.

Concibo la longitud como la práctica de la vida de oración. Una actividad que debemos realizar, en forma organizada y sistemática, a lo largo de toda nuestra vida. Los evangelistas presentan a Jesús como un ser escindido entre su humanidad y su divinidad, así lo vemos tanto en las tentaciones del desierto como en Getsemaní. En ambos extremos de su ministerio terrenal la oración es la fuente de Su poder.

Todos nosotros también somos seres escindidos. Es decir, divididos. Hay un Otro que nos habita que, no es otra persona, sino una parte de nosotros mismos. Lo que fuimos, lo que una vez deseamos o vivenciamos está dentro de nosotros, aunque lo hayamos olvidado. Esa parte de nosotros es lo inconsciente. Uno se puede preguntar: ¿Quien era yo mientras soñaba? Yo era el Otro que me habita, el Otro que se permite hacer cosas o decir palabras que despierto no me permitiría hacer o decir. A ese Otro que nos habita, que no es un ser ajeno a nosotros, sino una parte de los que fuimos se lo suele llamar acción demoníaca o satánica. Pero sólo se trata de una tensión, una escisión existencial entre lo consciente y lo inconsciente. La realidad de que somos mucho mas complejos de lo que suponemos nos lleva a reflexionar sobre tres dimensiones de la oración que hacen a nuestro ser y nuestro hacer.

LA ANCHURA DE LA ORACION DE UN SER ESCINDIDO EN SU EXISTENCIA Ya dije que concibo la anchura como la dimensión de la existencia humana terrenal, en la cual se manifiesta la escisión existencial entre lo consciente y lo inconsciente. No vamos a hilar fino tratando de explicar cómo se relaciona el alma humana con la dimensión inconsciente del psiquismo. Si alguien me pidiera que explicara dicha relación, tendría que responder: "Yo no se". En mi opinión, lo importante es señalar que la oración es como la respiración del alma, que sin oración no podría existir una verdadera vida espiritual. Aunque debemos reconocer que hay muchos que lo intentan. San Pablo aconseja: "Orad sin cesar" (1 Tesal. 5:17). De inmediato surgen preguntas:

¿Es posible orar sin cesar?

¿Podemos orar mientras dormimos?

¿Es posible orar inconscientemente?