Inicio arrow Oración arrow Que puede hacer la verdadera oracion en nosotros  
 
Menú principal
Inicio
Fundación
Nuestra Comunidad
Predicación semanal
Fundamentos de Nuestra fe
Crecimiento Espiritual
Temas de Interes
Oración
El Director
La Renovación Carismática
Testimonios
Enlaces Recomendados
Eventos
Descargar Audio y Diapositivas
Contáctenos
Registro de Usuario





¿Recuperar clave?
¿Quiere registrarse? Regístrese aquí
Actualidad
Meditación Dominical
Evangelio del dia
Santo del dia
ZENIT RSS-Newsfeed
 

Que puede hacer la verdadera oracion en nosotros PDF Imprimir E-Mail
Calificación del usuario: / 0
MaloBueno 
jueves, 20 de diciembre de 2007
Índice del Artículo
Que puede hacer la verdadera oracion en nosotros
Página 2
Página 3
1o.- LA ORACIÓN AUMENTARÁ NUESTRA SANTIDAD PERSONAL COMO NINGUNA OTRA COSA PUEDE HACERLO, EXCEPTO EL ESTUDIO DILIGENTE DE LA PALABRA DE DIOS.

Muchas veces nos preguntamos que es lo que la oración hará de un modo específico en cada uno de nosotros y la misma Palabra de Dios nos contesta esta pregunta.
En primer lugar, la oración aumentará nuestra piedad personal, nuestra santidad individual y nuestro crecimiento con miras a asemejarnos a nuestro Señor y Salvador Jesucristo como ninguna otra cosa, excepto el estudio de la Palabra de Dios. En realidad estas dos cosas, la oración y el estudio de la Palabra de Dios, van juntas, porque no hay verdadera oración sin estudio de la palabra de Dios, y no hay estudio de la Palabra de Dios sin oración.


Su crecimiento y el mío en asemejarnos al Señor y Salvador Jesucristo, será en la misma proporción al tiempo que de veras y con ahínco dediquemos a la oración.
Lo digo de esta manera porque hay muchos que pasan mucho tiempo en la oración, pero sin poner en ella su corazón, de modo que aunque hayan dedicado mucho tiempo, en realidad han orado poco. Otros dedicarán menos tiempo, pero pondrán en la oración todo su corazón, de modo que conseguirán mucho más con menos tiempo.

Dios nos dice en Jeremías 29,13 :  “  Me buscaréis y me encontraréis, cuando me solicitéis de todo corazón” .
Se nos dice también en Efesios 1,3 : “ Bendito sea el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo” .
Esto quiere decir que Jesucristo, por medio de su muerte expiatoria y su resurrección y ascensión gloriosa a la diestra del Padre, ha obtenido para cada creyente toda bendición posible. No hay ninguna bendición espiritual que un creyente pueda tener que no esté a su disposición. Ya le pertenece; Cristo la ha comprado con su muerte expiatoria y Dios la ha puesto a su disposición por medio de Él.

Está disponible, pero hay que reclamarla, alargar la mano y tomarla, y la manera que Dios ha dispuesto para reclamar las bendiciones que están a nuestra disposición es la oración.
La oración es la mano que alargamos y con ello tomamos las bendiciones que Dios ha dispuesto para nosotros por medio de su Hijo.
Es en respuesta a la oración, como nos dice el salmo 139,23-24, que Dios escudriña y conoce nuestro corazón, que nos prueba, conoce nuestros pensamientos y nos  muestra el pecado que hay en él y nos libra del mismo.

Sabemos por el salmo 19,12-13, que es por medio de la oración que somos librados de graves delitos, y que Dios nos impide que nos volvamos presuntuosos.
Es en respuesta a la oración, según vemos en el Salmo 19,14, que son gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti.
Y es en respuesta a la oración, según el salmo 25,4-5, que Dios nos muestra sus caminos y nos enseña sus sendas, nos encamina en la verdad.

Sabemos también, por la oración que el mismo Señor Jesucristo nos enseñó, que somos liberados de la tentación y del poder del maligno (Mateo 6,13), y como vemos en Lucas 11,13, es en respuesta a la oración que Dios nos da el Espíritu Santo.
Podríamos revisar todo el catálogo de bendiciones espirituales y veríamos que todas ellas se pueden obtener con solo pedirlas. Ciertamente el mismo Señor nos ha dicho en Mateo 7,11: “ Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, !cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!.

Uno de los pasajes más instructivos y sugestivos de toda la Biblia, para mostrar el gran poder de la oración para transformarnos a la semejanza de Nuestro Señor Jesucristo lo encontramos en 2 Corintios 3,18: “Más todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más gloriosos: así es como actúa el Señor, que es Espíritu” . Esto quiere decir que cada vez que entramos en comunión con Él, captamos algo nuevo de Su gloria y la reflejamos al mundo.
Recordemos la historia de Moisés (que no es leyenda, sino historia verdadera). Subió al monte y permaneció allí durante cuarenta días. Allí estaba con Dios, captando los rayos de su gloria inefable, tanto que cuando descendió del monte, el mismo, sin saberlo, tenía el rostro resplandeciente, al punto que tuvo que cubrirlo con un velo para no cegar con esta gloria a sus compatriotas israelitas.

De la misma manera, nosotros, subiendo al monte de la oración, lejos del mundo, solos con Dios, y permaneciendo con Él, captamos los rayos de su gloria. Cuando descendemos a nuestros hermanos no es que nuestros rostros resplandezcan (aunque a veces hasta tengo dudas de si lo hacen), pero nuestros caracteres si lo hacen con la gloria que hemos estado contemplando. Y reflejamos sobre el mundo la gloria moral de Dios, de “gloria en gloria”, cada vez que volvemos a ponernos en contacto con Él.
Aquí se halla el secreto de nuestro asemejarnos a Dios, el permanecer a solas con Él, porque el que no está junto con Él, no puede asemejársele.
Muchos santos dedicaron gran parte de su vida a estar con el Señor, dedicaron muchas horas de cada día para estar con Él, y quizás Dios no haya llamado a muchos a pasar siete u ocho horas diarias en oración, pero si creo que nos ha llamado a la mayoría, si no a todos, a pasar ante su presencia más tiempo del que pasamos ahora. Este es uno de los grandes secretos de la santidad; en realidad es el único medio por el cual podemos llegar a ser santos y continuar siéndolo.

En verdad que lleva tiempo el poder ser santo; no se puede conseguir con prisas, y una gran parte del tiempo que se tarda en llegar a serlo debe ser usado en la oración en privado.
Hay muchas personas que expresan sorpresa ante el hecho que los que profesamos ser cristianos hoy en día, nos parezcamos tan poco al Señor Jesús, pero cuando nos ponemos a pensar en el poco o ningún tiempo que los cristianos dedicamos a la oración secreta, lo asombroso no es lo poco que nos parecemos al Señor, sino que podamos asemejarnos a Él en algo.

2o.) LA ORACIÓN NOS DA EL PODER DE DIOS EN LA OBRA

Leemos en Isaías 40,31: “ Mientras que a los que esperan en Yahveh, él les renovará el vigor, subirán con alas como de águilas, correrán sin fatigarse y andarán sin cansarse”  .
Es un privilegio de todo hijo de Dios el tener el poder de Dios a su servicio, y el versículo citado nos dice cómo obtenerlo, y que la manera de obtenerlo es “esperar en Yahveh”.
Muchos que colaboran en grupos o en algún apostolado especial a veces expresan que están tratando de servir al Señor a su manera, pobre y débil. Si lo están haciendo de ésta, que es su manera, lo mejor es dejar de hacerlo así, y seguirlo haciendo a la manera de Dios: fuerte y triunfante.

Si usted expresa que le falta habilidad natural para servir al Señor, entonces en Él adquiera habilidad sobrenatural, porque la religión de Jesucristo es una religión sobrenatural, del principio al final, y deberíamos vivir nuestras vidas con poder sobrenatural, poder de Dios, por medio de Jesucristo, y deberíamos prestar nuestro servicio de evangelizadores, con poder sobrenatural, el poder de Dios ministrado por el Espíritu Santo por medio de Jesucristo.
Si dice “no tengo dones naturales”, bien, pues ahí están a su disposición los dones sobrenaturales. El Espíritu Santo ha sido prometido a todos los creyentes para que puedan obtener dones sobrenaturales que les harán hábiles para el servicio particular al que Dios los llame. “ Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad” ( 1 Corintios 12,11), lo que nos indica que podemos obtener el poder de Dios, si lo pedimos en oración, en cualquier actividad de servicio a la que Él nos llame.

Es usted una madre o un padre? Quiere poder de Dios para criar a sus hijos en el consejo y amonestación el Señor? Dios le manda que lo haga, y especialmente le manda al padre que lo haga. Efesios 6,4 nos dice: “ Padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino formadlos más bien mediante la instrucción y la corrección según el Señor”.
Dios nunca nos ordena algo imposible, y si nos manda que criemos a los hijos en disciplina y amonestación del Señor, nos ha de ser posible hacerlo. Si uno de nuestros hijos no es salvo, no hay que olvidar que nos toca un tanto de culpa. Pablo dijo al carcelero de Filipos: “ Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa” . (Hechos 16,31).
Lo anterior nos indica que es un deber de cada padre y madre el conducir a cada uno de sus hijos hacia Jesús, pero esto no lo podemos conseguir a menos que pidamos a Dios el poder para conseguirlo, y que lo desarrollemos a través de la oración.

Cuesta pasar mucho tiempo con Dios, mucha oración. Se requiere también hacer sacrificios y poner en orden aquellas cosas en su propia vida que no son conformes a la voluntad de Dios, porque si pretendemos que nuestros hijos cambien, pero nosotros no lo hemos hecho, es imposible esperar buenos resultados de nuestra oración.
Si usted realiza alguna obra de carácter público, si pertenece a algún movimiento o apostolado, si es un evangelizador o misionero, si es un religioso (a), si es un sacerdote y desea tener poder en su labor al servicio del Señor, pídalo fervientemente en oración y Dios se lo concederá.