|
Página 1 de 2 ATENDIENDO AL SEÑOR
Introducción En Lucas 17,7-10 encontramos una enseñanza de gran valor: «¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: "Pasa al momento y ponte a la mesa?" ¿No le dirá más bien: "Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?" ¿Acaso tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer.»
ATIENDE A AQUEL A QUIEN SIRVES
Hay dos cosas que todos deben hacer, no importando la profesión, trabajo o ministerio, y sin poner excusas: Buscar al Señor pacentar a las ovejas
¿Para quién trabajas? Todos debemos atender a aquellas personas para quien trabajamos. Debemos servirle. Esto puede aplicarse en primer lugar, con nuestros jefes. Debemos ir más allá de sólo tener una fría relación laboral. Debemos cuidarlos, prestándoles atenciones como: "¿Qué comió?" , "¿Qué bebió?", "Necesita algo más?", etc. Ministra a tu Señor Acción de gracias No se busca primero la recompensa; antes bien, se desea servir más, demostrando así la gratitud que hay en tu corazón. Debes atender a quien sirves. No basta con trabajar todo el día para El Señor, es necesario que pases tiempo con Aquel que te creó, dio Su vida por ti y te anhela celosamente. EL EJEMPLO DE MARTA Y MARÍA Lucas 10, 41-42 dice: "Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada." Marta pasaba el tiempo ocupándose de muchas cosas, las cuales la afanaban y cargaban. Cuando le pidió al Señor que le ordenara a su hermana que le ayudara, Jesús le respondió que María había escogido la mejor parte, pero no dijo que era la única. Es necesario que nosotros sirvamos al Señor pero que tomemos tiempo para escuchar Su voz y ministrarlo. Eso evitará que nuestros corazones se llenen de afán y lleguemos a reclamarle a Jesús, tal como lo hizo Marta en aquella oportunidad. No podemos permitir que la actividad para el Señor sustituya nuestra relación con El. Marta servía pero también aprendió a hacer un tiempo para escuchar al Señor y aprender de El. Esto lo podemos comprobar en el pasaje de la resurrección de Lázaro, cuando Marta demostró tener doctrina acerca de la oración, de la resurrección de los muertos y la revelación de que Jesús era el Hijo de Dios. (Juan 11)
|