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martes, 04 de diciembre de 2007
Índice del Artículo
Confianza a prueba de balas
"¿Por qué nosotros también debemos confiar en Dios?"
CONFIANZA A PRUEBA DE BALAS

Yahveh es mi luz y mi salvación, ¿de quién temeré? Yahveh es la fortaleza de mi vida, ¿de quién he de atemorizarme?

Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron.

Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado.(SALMO 27,1-6).

 
Una cosa he demandado a Yahveh, esta buscaré: que esté yo en la casa de Yahveh todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Yahveh y para buscarlo en su Templo.

Él me esconderá en su Tabernáculo en el día del mal; me ocultará en lo reservado de su morada; sobre una roca me pondrá en alto.

Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean, y yo sacrificaré en su Tabernáculo sacrificios de júbilo; cantaré y entonaré alabanzas a Yahveh.

El Apóstol Pablo escribió a la iglesia de los Romanos acerca de la seguridad que tenía él, en que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni principados ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro. (Romanos 8:38,39).

En la Biblia, se nos relata varios ejemplos de hombres de Dios cuyas vidas no fueron fáciles; sino que muchos de ellos, tuvieron que ser perseguidos y angustiados, muchas veces por la causa de Dios. A pesar de esto, siempre hubo cabida a la confianza en Dios. Meditemos entonces, en tres puntos que debemos considerar para llegar a tener, como David, una confianza a prueba de balas.
 
¿Cómo David fue probado en su confianza en Dios?

Es necesario que todo creyente sea probado (1 Pedro 1:6,7). Sólo así quedarán al descubierto los verdaderos hijos de Dios y sus siervos.

David para cumplir exitosamente con su oficio de rey, también tuvo que ser probado para que quede demostrado cómo confiaba en Dios. De esta manera él sufrió confabulaciones de malignos y enemigos suyos, angustiándole y hasta quisieron consumirlo completamente.

Hubo una vez, un hombre que sacrificó gran parte de su vida buscando oro en un río. Un día encontró una pepita de oro, pero que contenía muchas impurezas. Emocionado y apresurado el hombre llevó la pepita de oro a un horno de fuego para refinarlo y purificarlo, para extraerle todas sus impurezas; y así pudo mostrarles a todos sus amigos una pepita de oro de excelente calidad.

Todo creyente y todo varón deben ser probados. Nosotros también debemos serlo. Es más, Si estamos siendo probados en este preciso momento, debemos alegrarnos, pues Dios quiere más de nosotros porque nos ama. Permitamos que Dios nos refine, que nos pruebe, soportemos la aflicción como una escuela que debemos pasar, para ser hijos de Dios pulidos y refinados como una pepita de oro de excelente calidad.