Inicio arrow Predicación semanal arrow La mente de Cristo  
 
Menú principal
Inicio
Fundación
Nuestra Comunidad
Predicación semanal
Fundamentos de Nuestra fe
Crecimiento Espiritual
Temas de Interes
Oración
El Director
La Renovación Carismática
Testimonios
Enlaces Recomendados
Eventos
Descargar Audio y Diapositivas
Contáctenos
Registro de Usuario





¿Recuperar clave?
¿Quiere registrarse? Regístrese aquí
Actualidad
Meditación Dominical
Evangelio del dia
Santo del dia
ZENIT RSS-Newsfeed
 

La mente de Cristo PDF Imprimir E-Mail
Calificación del usuario: / 0
MaloBueno 
miércoles, 05 de diciembre de 2007
Índice del Artículo
La mente de Cristo
Página 2
"Emplea tus armas"
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7
Página 8
La mente de Cristo

“Porque  ¿quién conoció la mente del Señor para instruirle?  Pero nosotros tenemos la mente de Cristo”. (1 Corintios 2, 16)

Creo que ya habrás tomado la decisión firme de escoger las ideas correctas, así que echemos un vistazo a los tipos de modo de pensar que debieran considerarse correctos de acuer­do con el Señor. Es cierto que hay muchas clases de pensa­mientos que pudieran considerarse impensables para Jesús cuando estaba en la tierra. Si deseamos seguir Sus pasos, entonces tenemos que empezar a pensar como Él lo hacía.

Probablemente ya estarás pensando: “Eso es imposible, Jairo, Jesús era perfecto. Es posible que yo pueda mejorar mi modo de pensar, pero jamás seré capaz de pensar como El”.

*** Bueno, la Biblia nos dice que nosotros tenemos la mente de Cristo; y espíritu y corazón nuevos.***


Espíritu y corazón nuevos
 
Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Infundiré mi Espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas.   (Ezequiel 36, 26-27)

Como cristianos, tú y yo tenemos una nueva naturaleza, la cual es en realidad la naturaleza de Dios, depositada en nosotros en el Nuevo Nacimiento.

Por esta Escritura podemos ver que Dios sabía que si habíamos de cumplir Sus ordenanzas y andar en Sus estatu­tos, Él tendría que damos Su Espíritu y un nuevo corazón (y mente). Romanos 8, 6 habla de la mente carnal y la mente espiritual y nos dice que el resultado de seguir a la mente de la carne, es la muerte, y que el resultado de seguir a la mente del Espíritu, es la vida.

Haríamos tremendos progresos simplemente aprendiendo cómo discernir la vida y la muerte.

Si algo te está ministrando la muerte, no lo sigas permitien­do. Cuando ciertas modos de pensar te llenen de muerte, sabes inmediatamente que esa no es la mente del Espíritu.

Para ilustrarlo, digamos que estoy pensando en una injus­ticia que sufrí por causa de otra persona, y empiezo a encole­rizarme. Comienzo a pensar en cuánto me disgusta ese indi­viduo. Si estoy discerniendo, notaré que me están llenando de muerte. Me estoy alterando, perturbando, llenando de gran tensión; puede que incluso llegue a sentirme físicamente mal.

El fruto de mis pensamientos errados puede ser dolor de cabeza, dolor de estómago o cansancio injustificado. Por otra parte, si me pongo a pensar en cuánto me ha bendecido Dios y qué bueno ha sido conmigo, también podré discernir que me están llenando de vida.

Al creyente le es muy útil aprender a discernir la vida y la muerte dentro de sí mismo. Poniendo Su propia mente en nosotros, Jesús hizo los arreglos para que nos llenemos de vida. Podemos escoger fluir en la mente de Cristo.

En las siguientes páginas de este capítulo hay una lista de cosas a fin de ordenar el fluir en la mente de Cristo.

1º.- Piensa en cosas positivas.

¿Andan dos hombres juntos si no se han puesto de acuerdo?  (Amós 3, 3)

Si una persona está pensando de acuerdo con la mente de Cristo, ¿cuáles serán sus pensamientos? Seguro que serán positivos. En un capítulo anterior ya hemos expuesto la absoluta necesidad de pensar positivamente.

Nunca se dirá lo suficiente acerca del poder de ser positivo. Dios es positivo, y si tú y yo queremos fluir con El, tenemos que sintonizamos en la misma longitud de onda y empezar a pensar positivamente. No estoy hablando de ejercer el control mental, sino sólo de ser una persona positiva en todo.

Ten un aspecto y actitud positivos.
Mantén pensamientos y expectativas positivos.
Ten conversaciones positivas.
Ciertamente Jesús mostraba una apariencia y actitud posi­tivas: soportó muchas dificultades, incluidos ataques perso­nales; le calumniaron; Sus discípulos lo abandonaron cuando mas falta le hacían; se burlaron de El; se quedó solo, incomprendido; y mil decepciones más. Sin embargo, en medio de todas esas experiencias negativas, Él permanecía positivo.

Siempre tenía un comentario alentador, una palabra de estímulo; siempre daba esperanzas a todos aquellos que le rodeaban.

La mente de Cristo en nosotros es positiva; por lo tanto, en cualquier momento en que nos pongamos negativos, no estamos operando con la mente de Cristo.

Millones de personas sufren de depresión, y no pienso que sea posible estar depri­mido sin ser negativo; a menos que la causa sea patológica. Aun en ese caso, ser negativo sólo aumentará el problema y sus síntomas.

De acuerdo con el Salmo 3, 3, Dios es nuestra gloria y el que levanta nuestras cabezas. El quiere levantarlo todo: nues­tras esperanzas, nuestras actitudes, nuestro ánimo, nuestra cabeza, manos y corazón; nuestra vida completa. ¡Él es nues­tro Divino Levantador!