|
Página 1 de 8
La mente de Cristo
“Porque ¿quién conoció la mente del Señor para instruirle? Pero nosotros tenemos la mente de Cristo”. (1 Corintios 2, 16)
Creo que ya habrás tomado la decisión firme de escoger las ideas correctas, así que echemos un vistazo a los tipos de modo de pensar que debieran considerarse correctos de acuerdo con el Señor. Es cierto que hay muchas clases de pensamientos que pudieran considerarse impensables para Jesús cuando estaba en la tierra. Si deseamos seguir Sus pasos, entonces tenemos que empezar a pensar como Él lo hacía.
Probablemente ya estarás pensando: “Eso es imposible, Jairo, Jesús era perfecto. Es posible que yo pueda mejorar mi modo de pensar, pero jamás seré capaz de pensar como El”.
*** Bueno, la Biblia nos dice que nosotros tenemos la mente de Cristo; y espíritu y corazón nuevos.***
Espíritu y corazón nuevos
Y os
daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré
de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne.
Infundiré mi Espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis
preceptos y observéis y practiquéis mis normas. (Ezequiel 36, 26-27)
Como cristianos, tú y yo tenemos una nueva naturaleza, la cual es en
realidad la naturaleza de Dios, depositada en nosotros en el Nuevo
Nacimiento.
Por esta Escritura podemos ver que Dios sabía que
si habíamos de cumplir Sus ordenanzas y andar en Sus estatutos, Él
tendría que damos Su Espíritu y un nuevo corazón (y mente). Romanos 8,
6 habla de la mente carnal y la mente espiritual y nos dice que el
resultado de seguir a la mente de la carne, es la muerte, y que el
resultado de seguir a la mente del Espíritu, es la vida.
Haríamos tremendos progresos simplemente aprendiendo cómo discernir la vida y la muerte.
Si
algo te está ministrando la muerte, no lo sigas permitiendo. Cuando
ciertas modos de pensar te llenen de muerte, sabes inmediatamente que
esa no es la mente del Espíritu.
Para ilustrarlo, digamos que
estoy pensando en una injusticia que sufrí por causa de otra persona,
y empiezo a encolerizarme. Comienzo a pensar en cuánto me disgusta ese
individuo. Si estoy discerniendo, notaré que me están llenando de
muerte. Me estoy alterando, perturbando, llenando de gran tensión;
puede que incluso llegue a sentirme físicamente mal.
El fruto
de mis pensamientos errados puede ser dolor de cabeza, dolor de
estómago o cansancio injustificado. Por otra parte, si me pongo a
pensar en cuánto me ha bendecido Dios y qué bueno ha sido conmigo,
también podré discernir que me están llenando de vida.
Al
creyente le es muy útil aprender a discernir la vida y la muerte dentro
de sí mismo. Poniendo Su propia mente en nosotros, Jesús hizo los
arreglos para que nos llenemos de vida. Podemos escoger fluir en la
mente de Cristo.
En las siguientes páginas de este capítulo hay una lista de cosas a fin de ordenar el fluir en la mente de Cristo.
1º.- Piensa en cosas positivas.
¿Andan dos hombres juntos si no se han puesto de acuerdo? (Amós 3, 3)
Si una persona está pensando de acuerdo con la mente de Cristo, ¿cuáles
serán sus pensamientos? Seguro que serán positivos. En un capítulo
anterior ya hemos expuesto la absoluta necesidad de pensar
positivamente.
Nunca se dirá lo suficiente acerca del poder de
ser positivo. Dios es positivo, y si tú y yo queremos fluir con El,
tenemos que sintonizamos en la misma longitud de onda y empezar a
pensar positivamente. No estoy hablando de ejercer el control mental,
sino sólo de ser una persona positiva en todo.
Ten un aspecto y actitud positivos.
Mantén pensamientos y expectativas positivos.
Ten conversaciones positivas.
Ciertamente
Jesús mostraba una apariencia y actitud positivas: soportó muchas
dificultades, incluidos ataques personales; le calumniaron; Sus
discípulos lo abandonaron cuando mas falta le hacían; se burlaron de
El; se quedó solo, incomprendido; y mil decepciones más. Sin embargo,
en medio de todas esas experiencias negativas, Él permanecía positivo.
Siempre tenía un comentario alentador, una palabra de estímulo; siempre daba esperanzas a todos aquellos que le rodeaban.
La
mente de Cristo en nosotros es positiva; por lo tanto, en cualquier
momento en que nos pongamos negativos, no estamos operando con la mente
de Cristo.
Millones de personas sufren de depresión, y no
pienso que sea posible estar deprimido sin ser negativo; a menos que
la causa sea patológica. Aun en ese caso, ser negativo sólo aumentará
el problema y sus síntomas.
De acuerdo con el Salmo 3, 3, Dios
es nuestra gloria y el que levanta nuestras cabezas. El quiere
levantarlo todo: nuestras esperanzas, nuestras actitudes, nuestro
ánimo, nuestra cabeza, manos y corazón; nuestra vida completa. ¡Él es
nuestro Divino Levantador!
|