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Una mente enjuiciadora, crítica y suspicaz
No juzguéis, para que no seáis juzgados. Mateo 7:1
Las actitudes enjuiciadoras, la crítica y la suspicacia causan mucho tormento en la vida de las personas. Estos enemigos destruyen multitud de relaciones. Una vez más, la mente es el campo de batalla.
Los pensamientos —tan sólo un “Yo pienso” — pueden ser las herramientas que emplea e diablo para mantener solitaria a una persona. A la gente no le gusta estar cerca de alguien que emite opiniones sobre todo.
Ej. Para ilustrar este punto te contaré que una
vez conocí a una mujer cuyo esposo era un hombre de negocios muy rico.
También era muy callado, y ella quería que él hablara más. El sabía
muchísimo sobre muchas cosas. Pero no hablaba . “Ya yo sé lo que sé”, le replicó él. “Trato de estarme callado y escuchar, para descubrir lo que otros saben”.
Me
imagino que por eso precisamente era rico. ¡Era tan sabio. Poca gente
se hace rica sin sabiduría. Y poca gente tiene a amigos sin usar la
sabiduría en las relaciones.
Ser enjuiciador y expresar opiniones y críticas son formas seguras de ver evaporarse las relaciones. Por supuesto que Satanás quiere que tú y yo seamos rechazados y solitarios, así que nos ataca la mente en ese sentido.
Para definir el enjuiciar
Juicio: se define parcialmente como “una decisión dictada sobre las faltas de otros” y tiene referencia cruzada con el término “condenación”. De acuerdo con esta misma fuente, uno de los términos griegos traducido como juzgar se define en parte como “formar una opinión” y tiene referencia cruzada con el término “sentencia”
Dios
es el único que tiene derecho a condenar o sentenciar, por
consiguiente, cuando juzgamos a otro, estamos en cierto sentido,
estableciéndonos como Dios en su vida.
Yo no sé tú, pero eso pone un poco de “temor de Dios” en mí.
La
crítica, las opiniones y los juicios parecen estar todos emparentados,
así que los comentaremos juntos como un gigantesco problema.
Yo era muy criticón porque siempre parecía capaz de ver lo que estaba mal en vez de lo que estaba bien.
La
personalidad más melancólica o la controlada, a menudo ve primero lo
que está mal; generalmente, la gente con este tipo de personalidad
habla con los demás muy liberalmente de sus opiniones y puntos de vista
negativos.
Nos gusta decirle a la gente lo que nosotros
pensamos v ese es exactamente el problema: lo que yo pienso puede ser
correcto para mí, pero no necesariamente para ti, y viceversa.
Todos
sabemos, por supuesto, que “No robarás’ se aplica a todos, pero estoy
hablando aquí de miles de cosas que podemos encontrarnos cada día, que
no son por necesidad buenas ni malas, sino simplemente elecciones
personales.
a Dave siempre le gusta una cosa
y. a mí otra. ¿Por qué? Simplemente porque somos dos personas
diferentes. Su opinión es tan buena como la mía, y la mía tan buena
como la de él; sólo son diferentes.
Me tomó años entender que
nada andaba mal en Dave tan sólo porque él no estaba de acuerdo
conmigo. Y desde luego, por lo regular le hacía saber que yo pensaba
que algo estaba mal en él porque no tenía mi misma opinión. Obviamente mi actitud causaba mucha fricción entre nosotros y lastimaba nuestra relación.
El orgullo: Un “Yo” problema
“En
virtud de la gracia que me fue dada, os digo a todos y a cada uno de
vosotros: No os estiméis en más de lo que conviene; tened más bien una
sobria estima según la medida de la fe que otorgó Dios a cada cual”. (Romanos 12, 3)
Juzgar y criticar son el fruto de un problema más profundo: el orgullo.
Cuando el “yo” en nosotros es mayor de lo que debe ser, siempre
provocará esta clase de problemas de que estamos hablando. La Biblia
nos advierte repetidamente que no seamos altaneros.
Cuando quiera que nos destaquemos en un aspecto, es sólo porque Dios nos ha dado un don de gracia para ello.
Si somos arrogantes o tenemos una opinión exagerada de nosotros mismos,
eso hace que miremos con desdén a otros y pensemos que valen “menos
que” nosotros.
Esta clase de actitud o modo de pensar es en
extremo detestable para el Señor, y abre muchas puertas para el enemigo
en nuestras vidas.
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