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miércoles, 05 de diciembre de 2007
Índice del Artículo
Una mente pasiva
"Para vencer la pasividad"
Página 3
Página 4
Una mente pasiva

“Perece mi pueblo por falta de conocimiento.”  (Oseas 4,6)

Esta declaración es una verdad absoluta en lo concerniente a la pasividad. La mayoría de los cristianos ni siquiera están familiarizados con el término, ni saben cómo reconocer los síntomas.

La pasividad es lo opuesto a la actividad. Es un problema peligroso porque la Pa    labra de Dios nos enseña claramente que tenemos que estar alertas, cautelosos y activos (1 Pedro 5, 8) “Sed sobrios y velad. Vuestro adversario, el Diablo, ronda como  león rugiente,  buscando a quién devorar.”; que hemos de avivar la llama y despertar los dones dentro de nosotros (2 Timoteo 1, 6-7). “Por esto te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.  


Porque no nos dio el Señor a nosotros un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y de templanza.

He leído varias definiciones de la palabra “pasividad”, y la describo como falta de sensación, falta de deseo, apatía gene­ral, tibieza y pereza. Detrás de la pasividad hay espíritus malignos. El diablo sabe que la inactividad, la falta de ejercitar la voluntad, redundará en la derrota final del creyente. En tanto una persona esté moviéndose contra el demonio, em­pleando su voluntad para resistirlo, el enemigo no ganará la guerra. Pero si entra en un estado de pasividad, se ha metido en un problema serio.

Tantos creyentes se rigen por las emociones, que la ausen­cia de sensaciones es todo lo que hace falta para impedir que hagan lo que se les ha enseñado que deben hacer. Alaban cuando se sienten dispuestos, dan cuando les apetece, cum­plen su palabra si les parece; y si no desean hacer nada de esto, ¡no lo hacen

¡El espacio vacío es un lugar!

“...Ni deis ocasión al diablo”. (Efesios 4,27 )

El lugar que le damos a Satanás a menudo es un espacio vacío. Una mente vacía, pasiva, puede llenarse fácilmente con  toda clase de pensamientos erróneos.

creyente que tiene una mente pasiva y no resiste a estos fuertes pensamientos, con frecuencia los recibe como si fue­ran los suyos propios. No se da cuenta de que un espíritu diabólico los ha inyectado en su mente porque había un espacio vacío allí que llenar.

Un modo de mantener las ideas equivocadas fuera de tu mente es mantenerla llena de pensamientos correctos. El diablo puede ser echado fuera, pero se va y deambula por los lugares secos durante una temporada. Cuando vuelve a su antiguo hogar y lo encuentra vacío, la Biblia dice en Lucas 11, 24-26 que regresa, trae a otros consigo y la última condi­ción de la persona es peor que la primera. Por esta razón nunca debemos tratar de echar un diablo fuera de un individuo, a menos que esa persona haya sido instruida en cómo “llenar el espacio vacío”.

No estoy diciendo que toda perdona que tiene un pensa­miento malo tiene un espíritu malo. Pero detrás de los pensa­mientos malos a menudo hay un espíritu malo. Un individuo puede derribar imágenes mentales una y otra vez, pero regre­sarán siempre, hasta que aprenda a llenar el espacio vacío con las ideas correctas. Cuando el enemigo vuelva, no encontrará lugar en esa persona.

Hay pecados activos o de comisión, y hay pecados pasivos o de omisión. En otras palabras, hay cosas malas que hace­mos, y hay cosas buenas que no hacemos. Por ejemplo, una relación puede destruirse por decir palabras irreflexivas, pero también puede destruirse por omitir palabras amables de agradecimiento que debieron haberse pronunciado pero nun­ca se dijeron.

Una persona pasiva piensa que no está haciendo nada malo porque no está haciendo nada. Confrontado con su error dirá: “¡Yo no hice nada!” Lo que dice es correcto, pero su conducta no. El problema surge precisamente porgue no hizo nada.