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Lucas 6:43-45
No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen
fruto. Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan
higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas. El hombre
bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo,
del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del
corazón habla la boca.
Está hablando de frutos, pero ahora va al corazón. Quiere decir que tu
fruto tiene que ver con lo que de tu corazón sale. Entonces, lo que El
está diciendo es: “Ahí en tu corazón llevas el fruto, lo que llevas
dentro y eso es lo que estoy observando en tu vida. Que bueno que eches
demonios, que hagas milagros, pero para mí es importante que se
evidencie lo que en tu corazón llevas”.
Gálatas 5, 13-15
Porque, hermanos, habéis sido llamados a la libertad; sólo que no
toméis de esa libertad pretexto para la carne; antes al contrario,
servíos por amor los unos a los otros. Pues toda la ley alcanza su
plenitud en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Pero si os mordéis y os devoráis mutuamente, ¡mirad no vayáis
mutuamente a destruiros!
En esta porción de la Biblia se describe el fruto que nosotros debemos llevar en el corazón, el que Dios espera.
Mateo 7:24-27
«Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en
práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca:
cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y
embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba
cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las
ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa
sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los
vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina.»
Habla de un hombre que edificó su casa sobre la roca. Ese hombre que
dedicó su vida a fundamentarla sobre Jesús, es la persona que cuando
viene el tiempo de adversidad, puede hablar con Dios y puede buscar,
pedir y hallar, porque esa tormenta es la adversidad que toca la puerta
de nuestra casa. Y vamos a pedir, buscar y hallar en base al fruto que
en el corazón llevamos, porque Jesús lo puso al mismo tiempo que estaba
hablando de pedir, buscar y hallar. Tú eres un padre que sabe dar cosas
buenas a sus hijos cuando hacen cosas buenas. Cuando encuentras un hijo
obediente, lo premias; no al desobediente, hasta que cambie. Debemos
comprender que cada vez que venga la adversidad a nuestra casa, nuestro
fruto se va a evidenciar.
Porque de la abundancia del corazón habla nuestra boca. ¿Quieres saber
qué llevas en el corazón? Solamente habla. Ten una conversación con
alguien más y date cuenta de qué lleva en el corazón. Hay personas que
llevan tristeza. Tú necesitas que Dios te haga una operación a corazón
abierto para liberarte de esto y dar fruto; el fruto que va a edificar
tu casa. Para edificarla, debes permitir que Dios trate con tu corazón.
Una persona que siempre está enojada, malhumorada, que por todo alega,
es una persona inestable, que trae temor a sus hijos. Y cuando llega la
adversidad, lo único que los hijos quieren es salir corriendo.
Asegúrate de dar frutos.
Debes salir hoy con la decisión de que tu vida y tu corazón cambien,
porque de lo contrario no serás una nueva criatura, y así pidas,
busques y toques, no hallarás lo que estás necesitando.
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