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Cómo vencer el temor y tener seguridad plena en el Señor? PDF Imprimir E-Mail
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jueves, 06 de diciembre de 2007
¿Cómo vencer el temor y tener seguridad plena en el Señor?
Si quieres vencer el temor
Llama al Salmo 34
 
Bendeciré a Yahveh en todo tiempo, sin cesar en mi boca su alabanza; en Yahveh mi alma se gloría, ¡óiganlo los humildes y se alegren! Engrandeced conmigo a Yahveh, ensalcemos su nombre todos juntos. He buscado a Yahveh, y me ha respondido: me ha librado de todos mis temores.
Los que miran hacia él, refulgirán: no habrá sonrojo en su semblante.
Cuando el pobre grita, Yahveh oye, y le salva de todas sus angustias.
Acampa el ángel de Yahveh en torno a los que le temen y los libra.
Gustad y ved qué bueno es Yahveh, dichoso el hombre que se cobija en él.

Temed a Yahveh vosotros, santos suyos, que a quienes le temen no les falta nada.
Los ricos quedan pobres y hambrientos, mas los que buscan a Yahveh de ningún bien carecen.
Venid, hijos, oídme, el temor de Yahveh voy a enseñaros. ¿Quién es el hombre que apetece la vida, deseoso de días para gozar de bienes? Guarda del mal tu lengua, tus labios de decir mentira; apártate del mal y obra el bien, busca la paz y anda tras ella.
Los ojos de Yahveh sobre los justos, y sus oídos hacia su clamor, el rostro de Yahveh contra los malhechores, para raer de la tierra su memoria. Cuando gritan aquéllos, Yahveh oye, y los libra de todas sus angustias; Yahveh está cerca de los que tienen roto el corazón, él salva a los espíritus hundidos.
Muchas son las desgracias del justo, pero de todas le libera Yahveh; todos sus huesos guarda, no será quebrantado ni uno solo.
La malicia matará al impío, los que odian al justo lo tendrán que pagar. Yahveh rescata el alma de sus siervos, nada habrán de pagar los que en él se cobijan.
Generalmente conocemos que el salmo 91 es un salmo de protección, pero aquí encontramos también un maravilloso salmo que nos habla de la protección divina, porque nos habla de que el ángel de Yahveh acampa alrededor de los que tienen un santo temor de Dios y garantiza que los defiende, y eso se llama protección; que cuando buscamos al Señor de todo corazón , Él nos oye y nos libra no solo de todos los temores, si no también de todas las angustias, y eso también se llama protección; que claman los justos y el Señor lo oye y los libra de todas sus angustias. Que maravilloso descubrir que nuestro amado Señor está cerca de todos los quebrantados de corazón, de todos los necesitados, de todos los doloridos, y que en su infinita misericordia el salva a los contritos de espíritu, que a pesar de todas las aflicciones que el justo pueda padecer o esté padeciendo, de todas ellas lo librará el Señor. Por eso no creas que estás sólo, que estás abandonado, que ya no hay salida para ti. El Señor que te ama, está en control, y cuando te acoges a Él de corazón, siempre ejerce sobre ti su extraordinaria protección.

Cuando necesitas sentirte seguro
Llama al salmo 121
Alzo mis ojos a los montes: ¿de dónde vendrá mi auxilio? Mi auxilio me viene de Yahveh, que hizo el cielo y la tierra.
¡No deja él titubear tu pie! ¡no duerme tu guardián!
No, no duerme ni dormita el guardián de Israel.
Yahveh es tu guardián, tu sombra, Yahveh, a tu diestra.
De día el sol no te hará daño, ni la luna de noche.
Te guarda Yahveh de todo mal, él guarda tu alma;
Yahveh guarda tus salidas y entradas, desde ahora y por siempre.

En muchos momentos de nuestro diario vivir, tenemos una gran cantidad de dudas, de incertidumbres, de temores, de miedos, de inseguridades, y en la medida que estos sentimientos crezcan en cada uno de nosotros, estaremos poniendo en tela de juicio la realidad de la presencia y asistencia de nuestro amado Señor y Dios.
En incontables ocasiones estaremos expresando que de donde nos va a venir el auxilio que tanto necesitamos, pero a través de este maravilloso salmo encontramos que nuestro auxilio, nuestra ayuda, nuestro socorro, solamente y genuinamente nos viene de lo alto, del Padre de las luces, de nuestro Creador, de aquel que con maestría y poder hizo el cielo y la tierra, todo lo que existe.
Dios no permitirá que tu pié tropiece en ningún obstáculo, siempre estará presto a responderte cuando le llamas de corazón, tu maravilloso guardián no duerme, con su presencia el sol no te hará daño, ni la luna de noche; porque Él te guardará de todo mal, de todas tus salidas y entradas, Él guardará tu alma para la salvación y el bienestar, desde ahora y para siempre. Créelo.

Cuando necesites descansar

Llama a Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
«Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.
Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.»

Grande es el peso y las calamidades que millones de seres viven en la actualidad en el mundo entero, porque hay múltiples enfermedades, porque hay infinidad de esclavitudes a las cuales el hombre moderno se ha encadenado, porque en muchas vidas hay maldiciones generacionales que impiden que muchas familias y seres vivan la experiencia maravillosa de las bendiciones de Dios, porque la acción del mal y todas sus consecuencias ha hecho presa de aquellos que no han velado y orado para no caer en tentación.
Ante este panorama el Señor nos trae hoy una Palabra de bendición, una Palabra que nos invita a llegar a Él, a venir ante Su presencia salvadora, sanadora, liberadora, con la absoluta confianza que encontraremos luz, esperanza, alegría, paz, bendición, libertad, salud. Pero tenemos que aprender algo muy profundo: debemos aprender del Señor su humildad, su mansedumbre, su paciencia. Sólo así hallaremos descanso para nuestras almas, porque en verdad el yugo del Señor es fácil y siempre su carga es ligera y llevadera. Creamos en Él y todo cambiará. Amén


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