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miércoles, 05 de diciembre de 2007
Índice del Artículo
El camino al avivamiento personal
Página 2
Una visión vivificante de la Santidad de Dios
El camino al avivamiento personal
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La carne nos lleva a querer ganar el favor de Dios antes que recibir su gracia. Debemos admitir nuestro quebrantamiento y mirar la santidad de Dios en su gracia. Dios mismo nos lleva a tener pasión por Él.

Siempre quise caminar más profundamente con Dios. Tempranamente, aprendí que los secretos de este caminar estaban en la lectura bíblica diaria, la oración y el testificar. Me autoenseñé estas tres disciplinas.

Aún así, tenía hambre por más. Me enseñaron que el avivamiento personal involucraba controlar uno mismo aquellos pecados que desagradan a Dios, cuya lista está esparcida por todas las epístolas del Nuevo Testamento (Gálatas5:19-21, Efesios 5:3-7, 2 Timoteo 3:2-5), etc.
Con grandes expectativas, comencé. Muchas cosas oscuras, horribles, treparon desde mi corazón y pude verlas. Aprendí lo que entristece el corazón de Dios. Me transformé en una experta de "rendirlo todo". Pero no resultó de la manera que esperaba. Me volví introvertida y deprimida por el mal sobre el cual enfocaba constantemente. La lista siempre creciente de los "no-no" que rendí para probar mi espiritualidad me transformaba en una legalista negativa. El gozo del avivamiento prometido me eludía

Periódicamente, me desilusionaba con la mediocridad de mi vida espiritual. Luego algún libro o sermón me recordaba las "listas". Pensaba que jamás encontraría lo que buscaba. Pero una voz en lo profundo de mi ser continuaba empujándome: "Hay más. Sigue buscando".
En desesperación grité. "Querido Dios, estoy dispuesta. Cuando quieras reavivarme, me tienes que mostrar cómo. Esa lista de pecados no es el camino". En los siguientes siete años tropecé en la melancolía de las ansias sin cumplir, y con frecuencia renové mi oración por el avivamiento.

Entonces, ocurrió. Estaba en una reunión en que discutían el avivamiento. Mi corazón por poco estalla por el deseo. Alguien habló: "El avivamiento es lo que sucede cuando comenzamos a tener una visión de la santidad de Dios". Yo me quedé sin respiración. "¡Es eso, Señor! ¡No mirar a mis pecados, sino a tu santidad!"
Durante dos días anduve por todos lados en un estado de deslumbramiento que era una mezcla de temor y expectativa. ¿Podría esto ser tan simple? ¿Y mis pecados?
Entonces, leí Salmos 130:3-4: "Yahveh, si mirares a los pecados, ¿quién oh, Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado".
Sentí que algo me remolcaba a través del umbral, y allí estaba yo, de pie ¡en medio de su gloria! ¿Cómo? No había trabajado sobre las listas o quebrado barreras. Dios me había alcanzado y llevado al interior. ¡Me sentí envuelta en perdón, limpieza, libertad!
Las siguientes semanas durante largas horas contemplé su santidad, revelada en la maravilla y belleza de un gozo nuevo que no podía ni describir ni contener. Llena de un hambre voraz por Dios, le rogué que me enseñara más para explicarme lo que había sucedido.
Me trajo a la mente la vieja lista que estaba entre una pila de papeles; no encontré pecados en ella, solamente los nombres y atributos de Dios. Comencé a usarlos como base de mi adoración. Cada meditación por la mañana se volvió un diálogo muy íntimo con mi Padre.