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Cuatro cosas se suscitaron en la vida de José a través de sus sueños:
1. Se despertó la envidia de sus hermanos, los patriarcas, lo
querían matar, pero por intervención de Rubén, su hermano mayor, no lo
mataron, si no que, lo agarraron y lo echaron en una cisterna.
2. Estando en la cisterna, pasó una banda de esclavizantes y lo compraron como esclavo para llevarlo a Egipto
3. y una vez que estaba en Egipto, fue vendido a un oficial del gobierno llamado Potifar.
4. Estando allí, la esposa de Potifar quiso abusar de José y como
éste se negó, ella lo acusó de abuso y José fue echado a una cárcel.
¡Estuvo dos años olvidado en la cárcel!
Vemos que ninguna de las cuatro cosas fue agradable, pero José soportó
y no se rebeló contra Dios, porque él tenía un sueño y lo único que nos
puede sostener son nuestros sueños, nuestros anhelos.
Un cristiano sin sueños, muere; una iglesia sin sueños, muere; un
ministerio sin sueños, muere, todo hombre y mujer necesitan sueños y
los sueños no son los que vienen de nosotros, son los que Dios nos da a
nosotros, los cuales siempre van a ser grandes y a tener un precio
altísimo, pero siempre te van a bendecir, a prosperar y subir a un
nivel superior de fe, para que veas siempre la gloria de Dios en tu
vida.
Vemos entonces que José soportó hasta el final, porque él sabía que lo
que estaba pasando no era el final de lo que Dios le había mostrado y
Dios le había mostrado que él iba a estar en un lugar de preeminencia y
sabía que lo que estaba pasando era circunstancial.
Esa puede ser la situación por la que tú estés pasando ahora, pero si
Dios te dio un sueño, una visión que es lo único que nos va a sostener,
Dios va a cumplir su propósito en ti, Dios no deja los sueños a medio
camino.
Lo que tú estés pasando, ese momento temporal de enfermedad, ese
momento temporal de escasez, de que los negocios no te salen y que las
puertas estén cerradas, pronto va a pasar y cuando pase, el sueño de
Dios para tu vida, se hará una realidad y verás la gloria de Dios con
tus propios ojos.
Por eso cuando estés en la cisterna, cuando estés como esclavo, piensa en el sueño de Dios para tu vida.
San Pablo sabía que la tribulación era leve y momentánea, lo que tú estás pasando es leve y momentáneo.
No es el sueño de Dios que estés enfermo, que tengas problemas
económicos, que estés sin trabajo, que tu matrimonio esté a punto de
hundirse, porque si tú te fijas, te basas en las circunstancias, te
hundes.
José se pudo haber frustrado, se pudo haber deprimido, pudo haber
mandado todo al suelo, pero él nunca se olvidó de Dios y Dios nunca se
olvidó de José.
Un soñador a la manera de José, tiene que ser una persona de carácter, más que de dones y talentos.
2 Corintios 12:12 dice:
“Las características del apóstol se vieron cumplidas entre vosotros:
paciencia perfecta en los sufrimientos y también señales, prodigios y
milagros”.
¡La paciencia no es un don, no es un talento, es un rasgo de carácter!
Señales, prodigios y milagros, sí son dones, son manifestaciones de
talentos, pero en este texto San Pablo está defendiendo su apostolado,
él fundó la iglesia en Corinto, pero no lo querían porque no le querían
reconocer el don de apóstol.
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