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Página 1 de 2 “Reclamando el Territorio que nos Pertenece”
En Génesis 2,7-10 las escrituras nos muestran como Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente con un espíritu eterno y un cuerpo carnal. En el comienzo, su cuerpo, mente y espíritu irradiaban vida divina. No conocía enfermedad, ni dolor, ni tristeza y no tenía limitaciones. Su persona era vibrante, llena de la vida de Dios.
Cuando Dios sopló aliento de vida en Adán, el espíritu de aquel hombre se llenó de la esencia de Dios, pues donde el espíritu vive, ahí se encuentra la morada de Dios.
Nuestro yo vive en el alma, nuestros sentidos en el cuerpo.
- Nosotros “sabemos” en el espíritu, - “percibimos” con el alma y - “sentimos” con el cuerpo.
En el espíritu se encuentra la esencia de Dios-consciente, el alma es la esencia del yo-consciente y el cuerpo es la esencia del mundo-consciente. En Génesis 3 Adán y Eva murieron espiritualmente al caer en tentación. Sus espíritus fueron separados del soplo de aliento de vida – la divina bocanada de vida de Dios. A raíz de esa caída, Satanás les robo a Adán y Eva de ese territorio físico que era el Jardín del Edén – el dolor y la muerte formaron parte de sus cuerpos carnales. Ellos perdieron territorio en el ámbito de sus almas – en vez de paz, experimentaron miedo, vergüenza, depresión y otras emociones negativas. En vez de ser Dios quien reinaba, ahora era el Yo quien reinaba sobre el espíritu del hombre. A raíz del pecado, el cuerpo del hombre entró en una regresión extraordinaria, como si fuera un auto de carreras sin control, viajando a toda velocidad en reversa. Desde ese momento, toda la humanidad vivió en “reversa”, esto cambió solo después de la muerte y resurrección de Jesucristo. Cuando una persona es salva, Dios entra de nuevo en el espíritu muerto, lo restaura a la vida, y el espíritu nuevamente está completo en Él (Colosenses 2,10) “…y vosotros estáis completos en Él, que es la cabeza de todo principado y potestad” Sin embargo, nuestros cuerpos y alma, han estado sobreviviendo en “reversa” por mucho tiempo, es por eso que toma tiempo el poder viajar hacia el frente y vivir de acuerdo a los estatutos y principios de la palabra de Dios. Únicamente viviendo y “viajando hacia adelante” es que podemos reclamar el territorio que nos pertenece y que el enemigo nos ha robado. La caída empezó en el intelecto o mente – en el alma de Eva – se le prometió alcanzar sabiduría e inteligencia con respecto al mundo (Génesis 3,6). Si la caída empieza en el ramo del alma, la recuperación también debe de empezar ahí mismo. Usted no puede experimentar recuperación en el espíritu, este es milagrosamente transformado al momento del Nuevo nacimiento, de la conversión verdadera o salvación. No necesita recuperarse, es un Nuevo nacimiento, milagroso en todo aspecto. Cuando se habla de una recuperación, estamos hablando de una recuperación en el alma y en el aspecto físico. El pecado comenzó en la mente o alma, por eso es que Pablo nos advierte: “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo” “Nadie se engañe a si mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio” (1 Corintios 3,18-21) Y Dios dice: “Destruiré la sabiduría de los sabios. Y desechare el entendimiento de los entendidos” (1 Corintios 1,23-26). Si usted quiere cambiar de “velocidades espirituales”, irse de reversa hacia adelante, entonces usted tiene que renovar su mente: “Así que hermanos les ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que en vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la voluntad de Dios, agradable y perfecta”
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