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Una mente pasiva
“Perece mi pueblo por falta de conocimiento.” (Oseas 4,6)
Esta declaración es una verdad absoluta en lo concerniente a la pasividad. La mayoría de los cristianos ni siquiera están familiarizados con el término, ni saben cómo reconocer los síntomas.
La pasividad es lo opuesto a la actividad. Es un problema peligroso porque la Pa labra de Dios nos enseña claramente que tenemos que estar alertas, cautelosos y activos (1 Pedro 5, 8) “Sed sobrios y velad. Vuestro adversario, el Diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar.”; que hemos de avivar la llama y despertar los dones dentro de nosotros (2 Timoteo 1, 6-7). “Por esto te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.
Porque no nos dio el Señor a nosotros un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y de templanza.
He
leído varias definiciones de la palabra “pasividad”, y la describo como
falta de sensación, falta de deseo, apatía general, tibieza y pereza.
Detrás de la pasividad hay espíritus malignos. El diablo sabe que la
inactividad, la falta de ejercitar la voluntad, redundará en la derrota
final del creyente. En tanto una persona esté moviéndose contra el
demonio, empleando su voluntad para resistirlo, el enemigo no ganará
la guerra. Pero si entra en un estado de pasividad, se ha metido en un
problema serio.
Tantos creyentes se rigen por las emociones, que
la ausencia de sensaciones es todo lo que hace falta para impedir que
hagan lo que se les ha enseñado que deben hacer. Alaban cuando se
sienten dispuestos, dan cuando les apetece, cumplen su palabra si les
parece; y si no desean hacer nada de esto, ¡no lo hacen
¡El espacio vacío es un lugar!
“...Ni deis ocasión al diablo”. (Efesios 4,27 )
El
lugar que le damos a Satanás a menudo es un espacio vacío. Una mente
vacía, pasiva, puede llenarse fácilmente con toda clase de
pensamientos erróneos.
creyente que tiene una mente pasiva y
no resiste a estos fuertes pensamientos, con frecuencia los recibe como
si fueran los suyos propios. No se da cuenta de que un espíritu
diabólico los ha inyectado en su mente porque había un espacio vacío
allí que llenar.
Un modo de mantener las ideas equivocadas
fuera de tu mente es mantenerla llena de pensamientos correctos. El
diablo puede ser echado fuera, pero se va y deambula por los lugares
secos durante una temporada. Cuando vuelve a su antiguo hogar y lo
encuentra vacío, la Biblia dice en Lucas 11, 24-26 que regresa, trae a
otros consigo y la última condición de la persona es peor que la
primera. Por esta razón nunca debemos tratar de echar un diablo fuera
de un individuo, a menos que esa persona haya sido instruida en cómo
“llenar el espacio vacío”.
No estoy diciendo que toda perdona
que tiene un pensamiento malo tiene un espíritu malo. Pero detrás de
los pensamientos malos a menudo hay un espíritu malo. Un individuo
puede derribar imágenes mentales una y otra vez, pero regresarán
siempre, hasta que aprenda a llenar el espacio vacío con las ideas
correctas. Cuando el enemigo vuelva, no encontrará lugar en esa
persona.
Hay pecados activos o de comisión, y hay pecados
pasivos o de omisión. En otras palabras, hay cosas malas que hacemos,
y hay cosas buenas que no hacemos. Por ejemplo, una relación puede
destruirse por decir palabras irreflexivas, pero también puede
destruirse por omitir palabras amables de agradecimiento que debieron
haberse pronunciado pero nunca se dijeron.
Una persona pasiva
piensa que no está haciendo nada malo porque no está haciendo nada.
Confrontado con su error dirá: “¡Yo no hice nada!” Lo que dice es
correcto, pero su conducta no. El problema surge precisamente porgue no
hizo nada.
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